Hipertensión arterial: qué es, síntomas y tratamiento


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Escrito por Dr. Pedro Pinheiro
Revisado y actualizado el 14 de enero de 2026

Introdución

La hipertensión arterial puede aparecer en cualquier etapa de la vida, incluso durante el embarazo, pero es mucho más frecuente en la población adulta y en las personas mayores. Se estima que hasta el 80% de la población mayor de 60 años sea hipertensa.

En las últimas décadas, el número de hipertensos ha aumentado progresivamente, debido a factores como una mayor esperanza de vida, una mayor incidencia de obesidad, el sedentarismo y los malos hábitos alimentarios.

La elevada prevalencia, asociada al hecho de que solo la mitad de los pacientes hipertensos consigue mantener su presión arterial debidamente controlada, mantiene a la hipertensión como el principal factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares e ictus.

Si desea conocer más detalles sobre la hipertensión, utilice los enlaces que se pondrán a disposición a lo largo de este texto. No deje tampoco de consultar nuestro archivo de artículos sobre el tema hipertensión arterial: Archivo de textos sobre hipertensión.

Explicamos la enfermedad hipertensiva durante el embarazo en un texto aparte: Hipertensión en el embarazo.

Síntomas

Uno de los grandes problemas de la hipertensión arterial es el hecho de que sea asintomática hasta fases muy avanzadas de la enfermedad. No existe un síntoma típico que pueda servir de alarma para estimular la búsqueda de un médico.

Creer que es posible adivinar si la presión arterial está alta o normal basándose en la presencia o en la ausencia de síntomas, como dolor de cabeza, cansancio, dolor en el cuello, dolor en los ojos, sensación de pesadez en las piernas o palpitaciones, etc., es un error muy común. Una persona que no suele medirse la presión arterial simplemente porque no tiene ningún síntoma, puede perfectamente ser hipertensa y no saberlo.

Por otro lado, si el paciente es un hipertenso conocido, pero tampoco se mide la presión arterial periódicamente, puede tener la falsa impresión de tenerla controlada. No existe ninguna manera de evaluar la presión arterial sin realizar su medición mediante un aparato específico, llamado esfigmomanómetro, conocido popularmente como «tensiómetro» o «aparato para medir la presión».

El hecho de que algunas personas tengan dolor de cabeza o malestar cuando presentan presiones arteriales muy elevadas no significa que estos síntomas sirvan como parámetro. Estas mismas personas pueden tener picos de hipertensión asintomáticos y no darse cuenta de ello. Conviene señalar que el dolor aumenta la presión arterial, siendo difícil saber en estos casos si la presión subió por el dolor de cabeza o si el dolor de cabeza apareció por la presión alta.

Tenemos un artículo específico sobre los síntomas de la hipertensión, al que se puede acceder a través del siguiente enlace: Síntomas de la hipertensión arterial (presión alta).

¿Con qué frecuencia debemos medir la presión arterial?

Todo adulto debe, al menos una vez cada uno o dos años, medirse la presión arterial. Si el paciente es obeso, fumador, diabético o tiene antecedentes familiares de hipertensión arterial, la presión debe medirse con una periodicidad mayor, alrededor de dos veces al año.

Los pacientes con hipertensión arterial ya conocida deben medirse la presión arterial al menos una vez por semana para saber si la hipertensión está bien controlada. Hoy en día ya existen tensiómetros automatizados que pueden ser adquiridos por los pacientes para la medición de la presión arterial en casa.

Diagnóstico

Un error común en el diagnóstico de la hipertensión es creer que el paciente puede ser etiquetado como hipertenso basándose únicamente en una medición aislada de la presión arterial. Un paciente hipertenso puede tener momentos del día en los que la presión esté dentro o cerca del rango de normalidad, así como una persona sin hipertensión puede presentar elevaciones puntuales de la presión arterial, debido a factores como el estrés y el esfuerzo físico. Por lo tanto, no se establece el diagnóstico, ni se descarta hipertensión, basándose en una sola medición.

Varios factores pueden alterar puntualmente la presión arterial, entre ellos el estrés, el esfuerzo físico, el consumo de bebidas alcohólicas, el tabaco, etc. La mayoría de las personas solo busca medirse la presión tras episodios de estrés emocional o dolor de cabeza, situaciones que por sí mismas pueden elevar las cifras tensionales.

Para establecer el diagnóstico de hipertensión arterial, se necesitan de tres a seis mediciones con resultados elevados, realizadas en días diferentes, con un intervalo superior a un mes entre la primera y la última medición. De este modo se minimizan los factores externos de confusión. Se considera hipertenso al paciente que presenta la presión arterial elevada con frecuencia y durante varios periodos del día.

¿Qué es el M.A.P.A.?

Cuando, tras varias mediciones de la presión, todavía hay dudas sobre si el paciente es realmente hipertenso o si presenta solo cifras elevadas por ponerse nervioso durante la toma de la presión arterial, lo ideal es solicitar una prueba llamada M.A.P.A. (Monitorización Ambulatoria de la Presión Arterial). Esta prueba consiste básicamente en un aparato de presión que permanece en el brazo del paciente durante 24 horas, midiendo y registrando los valores de la presión arterial varias veces al día, en situaciones cotidianas habituales, como dormir, comer, trabajar, etc.

Tras 24 horas de mediciones, el aparato se entrega al médico, que interpreta los registros. Las personas con más del 50 % de las mediciones elevadas se consideran hipertensas. Los pacientes que presentan entre el 20 % y el 40 % de las mediciones elevadas no se consideran hipertensos, pero tienen un alto riesgo de desarrollar hipertensión arterial, lo que ya indica cambios en los hábitos de vida y de alimentación. Los individuos con resultados normales son aquellos que presentan la presión controlada durante más del 80 % del día.

El M.A.P.A. puede utilizarse para diagnosticar hipertensión arterial en los casos dudosos, pero también sirve para que el médico tenga una idea de la efectividad de los tratamientos antihipertensivos en aquellos pacientes ya hipertensos y en tratamiento. Si el paciente es hipertenso, está tomando medicación y en el M.A.P.A. presenta presiones altas a lo largo del día, esto es un fuerte indicio de que el tratamiento actual no está siendo eficaz.

Criterios para hipertensión arterial

La definición más aceptada hoy en día sobre hipertensión es la siguiente:

  • Presión normal: < 120/80 mmHg (sistólica <120 y diastólica <80).
  • Prehipertensión: 120–139 mmHg de sistólica y/o 80–89 mmHg de diastólica.
  • Hipertensión arterial grado 1: 140–159 mmHg de sistólica y/o 90–99 mmHg de diastólica.
  • Hipertensión arterial grado 2: 160–179 mmHg de sistólica y/o 100–109 mmHg de diastólica.
  • Hipertensión arterial grado 3: ≥ 180 mmHg de sistólica y/o ≥ 110 mmHg de diastólica.

Para más información, lea: ¿Cuáles son los valores normales de la presión arterial?

Hipertensión de bata blanca

Se denomina hipertensión arterial de bata blanca cuando encontramos pacientes que solo presentan la presión arterial alta durante las consultas médicas. Son personas que se ponen ansiosas en presencia del médico y la presión sube de forma puntual. En casa, fuera de las consultas, estos individuos presentan la presión arterial dentro del rango de la normalidad. A veces, es difícil diferenciarlos de los verdaderos hipertensos. En general, es necesario realizar el M.A.P.A. para estar seguros.

La hipertensión de bata blanca no es hipertensión propiamente dicha, pero afecta a personas que tienen mayor tendencia a desarrollarla, siendo un factor de riesgo para hipertensión real. Estos pacientes tienen indicación de realizar cambios en los hábitos de vida con el objetivo de impedir la progresión hacia la enfermedad establecida.

Consecuencias

La hipertensión está asociada a diversas enfermedades graves, como:

Arteriosclerosis.

La hipertensión arterial rara vez tiene cura y el objetivo del tratamiento es evitar que órganos como el corazón, los ojos, el cerebro y los riñones, llamados órganos diana, sufran lesiones que provoquen las enfermedades descritas arriba.

Como ya he mencionado, las lesiones iniciales de la hipertensión arterial son asintomáticas; sin embargo, existen pruebas que pueden detectarlas de forma precoz.

Lesión renal

Una manifestación precoz de lesión renal por la presión alta es la presencia de proteínas en la orina, llamada proteinuria. Estas proteínas pueden detectarse fácilmente mediante análisis de orina simples. Pequeñas cantidades de proteínas son asintomáticas. Las lesiones renales avanzadas conducen a proteinurias importantes, que se manifiestan como una gran formación de espuma en la orina. Otro signo de enfermedad avanzada es la elevación de la creatinina en sangre.

La presión alta, si no se trata, puede, a largo plazo, llevar a insuficiencia renal terminal y a la necesidad de hemodiálisis.

Retinopatía hipertensiva

La hipertensión arterial provoca lesión de los vasos que irrigan los ojos, causando una pérdida progresiva de la visión. Un examen de fondo de ojo puede revelar lesiones precoces que aún no causan síntomas. El examen de fondo de ojo es aquella prueba sencilla en la que el médico dilata nuestra pupila y después observa el ojo con una linterna especial.

Compare las dos fotos de abajo de un examen de fondo de ojo. La primera es de un ojo normal. La segunda es de un ojo con retinopatía hipertensiva avanzada. Las manchas rojas redondeadas son hemorragias y las manchas claras son pus. Fíjese en la deformidad de los vasos.

Fondo de ojo normal
Fondo de ojo normal
Retinopatía hipertensiva
Retinopatía hipertensiva

Lesión cardíaca

El corazón es quizá el órgano que más sufre con la hipertensión. La presión arterial elevada hace que tenga que bombear la sangre con más fuerza para vencer esa resistencia. El corazón es un músculo y, como tal, se hipertrofia (aumenta su masa muscular) cuando se somete a esfuerzos de forma crónica. Un corazón con una masa muscular aumentada presenta un espacio menor en su cavidad para recibir sangre. Esta disminución del espacio para la sangre dentro del corazón causa la llamada disfunción diastólica.

La hipertrofia del ventrículo izquierdo y la disfunción diastólica son los signos más precoces de estrés cardíaco por la hipertensión. Pueden detectarse en el electrocardiograma, pero se observan con más facilidad en el ecocardiograma.

Como una goma elástica que durante mucho tiempo ha sido estirada y acaba por perder su elasticidad, quedando floja, el corazón, después de años de estrés por la hipertensión, deja de hipertrofiarse y empieza a dilatarse, perdiendo la capacidad de bombear la sangre. A esta fase se la denomina insuficiencia cardíaca.

La hipertensión también aumenta el riesgo de enfermedad coronaria, y los pacientes hipertensos mal controlados presentan un mayor riesgo de infarto de miocardio.

Lesión cerebral

Uno de los factores de riesgo más importantes para el ictus (derrame cerebral) es la hipertensión arterial.

Muchas veces los infartos cerebrales son pequeños y no causan grandes secuelas neurológicas. A medida que pasa el tiempo y la hipertensión no se controla, estas pequeñas lesiones se van multiplicando, siendo responsables de la muerte de miles de neuronas. El paciente empieza a presentar un cuadro de pérdida progresiva de las capacidades intelectuales, que suele pasar desapercibido para la familia en las fases iniciales, pero que al cabo de varios años conduce a un cuadro llamado demencia multiinfarto o demencia vascular.

En la mayoría de los casos, estas lesiones de órganos importantes causadas por una hipertensión arterial mal controlada pueden revertirse si se tratan a tiempo. Pero para ello es necesaria la concienciación de que la hipertensión debe tratarse antes de que aparezcan los síntomas de las lesiones de estos órganos, y no después.

Causas y factores de riesgo

Dividimos la hipertensión arterial en dos clasificaciones, según sus causas: hipertensión esencial (hipertensión primaria) e hipertensión secundaria. La hipertensión primaria es aquella que aparece sin una causa definida. Esta forma de hipertensión es responsable del 95 % de los casos.

La hipertensión arterial primaria no tiene una causa claramente identificada, pero sus principales factores de riesgo son bien conocidos:

Crisis hipertensiva

La hipertensión maligna es una emergencia médica y ocurre cuando hay un aumento súbito de los niveles de la presión arterial, causando lesión aguda de órganos nobles, como riñones, corazón, cerebro y ojos. La hipertensión maligna normalmente se presenta con valores de presión sistólica por encima de 220 mmHg o diastólica por encima de 120 mmHg.

Las manifestaciones más comunes son insuficiencia renal aguda, hemorragias retinianas, edema de la papila del ojo, insuficiencia cardíaca aguda y encefalopatía (alteraciones neurológicas por la presión elevada).

No todo paciente con cifras elevadas de presión arterial presenta hipertensión maligna. Para que esto ocurra es necesario que, además de una hipertensión grave, existan síntomas y lesiones agudas de órganos nobles. Cuando las cifras tensionales están muy elevadas, normalmente por encima de 180 x 120 mmHg, pero no hay síntomas ni lesiones agudas de órganos, lo llamamos urgencia hipertensiva.

La hipertensión maligna es indicación de ingreso hospitalario y de reducción rápida de las cifras de presión. En la urgencia hipertensiva no hay necesidad de hospitalización y la presión puede reducirse de forma gradual a lo largo de 24 a 48 horas.

Tratamiento

Una vez realizado el diagnóstico de hipertensión, todos los pacientes deben someterse a cambios en el estilo de vida antes de iniciar tratamiento con medicamentos. Los principales son:

  • Reducción de peso.
  • Iniciar ejercicio físico.
  • Abandonar el tabaco.
  • Reducir el consumo de alcohol.
  • Reducir el consumo de sal.
  • Reducir el consumo de grasas saturadas.
  • Aumentar el consumo de frutas y verduras.

La reducción de la presión arterial con estos cambios suele ser pequeña y difícilmente una persona con cifras tensionales muy altas (mayores de 160/100 mmHg) consigue controlar la hipertensión sin la ayuda de los fármacos. Sin embargo, en las hipertensiones leves hay casos en los que solo con control del peso, una dieta adecuada y la práctica regular de ejercicio se logra controlar la presión arterial. El problema es que la mayoría de los pacientes no acepta cambios en los hábitos de vida y acaba teniendo que tomar medicamentos para controlar la presión.

Aquellos pacientes que ya llegan al médico con presión alta y signos de lesión de algún órgano diana deben iniciar tratamiento farmacológico de inmediato, ya que este hecho indica una hipertensión de larga evolución. Obviamente, los cambios en el estilo de vida también están indicados en este grupo.

Solo los pacientes con signos de lesión de órgano diana, insuficiencia renal crónica, diabetes o con enfermedades cardíacas deben iniciar el tratamiento con fármacos inmediatamente.

Medicamentos para la hipertensión arterial (antihipertensivos)

Existen decenas de fármacos diferentes disponibles en el mercado para el control de los niveles de la presión arterial. Contrariamente a lo que se defendía hasta hace poco tiempo, no importa demasiado el medicamento elegido; lo que importa es que sea eficaz para reducir las cifras tensionales por debajo de 140/90 mmHg.


Referencias



Dudas de los lectores sobre este tema

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Más comentarios de los lectores

  1. Aris Visión México

    ¡Muchas gracias por la información de este artículo! Resalta la importancia de consultas periódicas con los proveedores de salud ya que la presencia de esta y otras enfermedades no serán notorias a simple vista, los órganos diana están en exposición y es nuestro deber velar por su bienestar.

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