Cáncer de colon y recto: síntomas y tratamiento


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Escrito por Dr. Pedro Pinheiro
Revisado y actualizado el 28 de enero de 2026

¿Qué es el cáncer colorrectal?

El cáncer colorrectal es un término que engloba los tumores malignos que se originan en el intestino grueso. Es la forma más frecuente de cáncer del aparato digestivo y la tercera o cuarta forma más común entre todos los tipos de cáncer.

El intestino grueso es la porción final de nuestro sistema digestivo. Mide aproximadamente 1,5 metros de longitud y está compuesto por el ciego (porción inicial del intestino grueso que recibe el material fecal procedente del intestino delgado), el colon y el recto.

A pesar de ser una neoplasia tratable y curable cuando se detecta de forma precoz, el cáncer colorrectal todavía presenta una tasa de mortalidad elevada, debido a su insuficiente cribado en la población.

La mayoría de los casos de cáncer de colon se originan a partir de pólipos presentes en la mucosa intestinal. Un pólipo es un pequeño tumor benigno y asintomático que, en la mayoría de los casos, tiene la forma de un dedo de guante. Hasta el 30 % de la población adulta tiene uno o más pólipos en el colon.

En la inmensa mayoría de los casos, los pólipos son y permanecen siendo lesiones benignas durante el resto de la vida. Existe, sin embargo, un tipo de pólipo, denominado adenomatoso, que puede transformarse en cáncer. Aproximadamente el 5 % de los pólipos adenomatosos se transforman en adenocarcinoma tras cerca de 10 años de existencia.

¿Qué es el cáncer colorrectal?

El intestino grueso es la parte final de nuestro sistema digestivo, que mide aproximadamente 1,5 metros de largo y está compuesto por el ciego (porción inicial del intestino grueso que recibe la materia fecal proveniente del intestino delgado), colon y recto.

Anatomía del sistema digestivo
Anatomía del sistema digestivo

Explicamos más detalladamente lo que son los pólipos intestinales en el artículo: Pólipos intestinales – Síntomas y Tratamiento.

Por lo tanto, el diagnóstico precoz de los pólipos adenomatosos, realizado antes de que lleguen a transformarse en cáncer, es el principal arma en la prevención del cáncer del intestino grueso.

Como veremos más adelante, la realización de la colonoscopia como método de cribado permite que el equipo médico pueda identificar y extirpar los pólipos adenomatosos aún en fase benigna, impidiendo que puedan sufrir una transformación maligna en el futuro (lea: ¿Cómo se realiza la colonoscopia?).

Factores de riesgo

En la mayoría de los casos, la aparición de un cáncer colorrectal se origina en factores dietéticos, ambientales y genéticos.

Los pacientes cuyos factores de riesgo se originan en los componentes genéticos y familiares son los que presentan el mayor riesgo de desarrollar cáncer de colon y necesitan ser vigilados más de cerca.

En general, la detección de cáncer de colon con la colonoscopia debe comenzar a los 50 años, porque cerca del 90 % de este tipo de cáncer se produce a partir de esta edad.

Sin embargo, algunos factores pueden aumentar el riesgo de cáncer colorrectal de tal forma que el inicio del cribado acaba adelantándose a antes de los 50 años.

Vamos a dividir los factores de riesgo en 2 grupos: factores de riesgo que indican un cribado más precoz y factores de riesgo que no modifican el protocolo de cribado.

1. Factores de riesgo más graves, que indican un cribado más intenso

Poliposis adenomatosa familiar (PAF): mutación genética autosómica dominante que hace que el paciente y sus familiares de primer grado desarrollen cientos de pólipos adenomatosos a lo largo del intestino. El 90 % de los pacientes con poliposis adenomatosa familiar desarrollan cáncer de colon antes de los 45 años de edad.

    Existe también la poliposis adenomatosa familiar atenuada, que es una mutación genética similar, pero que provoca un cuadro más leve, con menos pólipos adenomatosos y una edad media de aparición del cáncer más tardía, alrededor de los 54 años.

    Afortunadamente, esta enfermedad es rara y corresponde a solo el 1 % de los casos de cáncer colorrectal.

    Poliposis asociada al gen MUTYH: mutación genética autosómica recesiva, aún menos frecuente que la PAF, pero que también provoca la aparición de cientos de pólipos adenomatosos en el colon y cursa con un elevado riesgo de desarrollar cáncer colorrectal.

    Síndrome de Lynch: mutación genética autosómica dominante que es responsable de alrededor del 3 al 5 % de todos los casos de cáncer intestinal. En este síndrome no hay poliposis, es decir, el paciente no desarrolla cientos de pólipos. Sin embargo, los pocos pólipos que aparecen tienen un alto riesgo de transformación maligna.

    Un paciente con síndrome de Lynch tiene, a lo largo de la vida, un 40 % de probabilidad de desarrollar cáncer de colon u otros tipos de cáncer, como el de endometrio o el del tracto urinario.

    Como no hay poliposis, los criterios para sospechar el síndrome de Lynch son:

    • Tres familiares, siendo dos de primer grado (padre e hijo(a) o madre e hijo(a)), con antecedentes de cáncer colorrectal, de endometrio, de uréter o de pelvis renal.
    • Al menos uno de los casos de la familia diagnosticado antes de los 50 años.

    Antecedentes familiares de cáncer de colon: Si usted tiene un familiar con antecedentes de cáncer intestinal, aunque su familia no presente ninguna de las mutaciones genéticas descritas anteriormente, su riesgo de también desarrollar un adenocarcinoma de colon es el doble que el de la población general. Si el familiar es de primer grado o si el cáncer apareció antes de los 50 años, el riesgo es aún mayor.

    Enfermedad inflamatoria intestinal (EII): Los pacientes con colitis ulcerosa pueden presentar un aumento del riesgo de cáncer colorrectal que varía entre 3 y 15 veces, dependiendo de la gravedad de su enfermedad inflamatoria intestinal.

    Los pacientes con enfermedad de Crohn también parecen tener un riesgo mayor, pero los datos de los estudios hasta el momento son menos consistentes.

    Radiación abdominal: Los pacientes que durante la infancia tuvieron algún tipo de cáncer y fueron sometidos a tratamientos con radioterapia con irradiación en la región abdominal también forman parte de un grupo con elevado riesgo de desarrollar adenocarcinoma de colon.

    2. Factores de riesgo menos graves, que no indican un cribado más intenso

    Son varios los factores de riesgo que aumentan la probabilidad de que un paciente tenga cáncer intestinal, pero no de forma tan relevante como para indicar un cribado más cuidadoso que el recomendado para la población general.

      Entre estos factores de riesgo menos graves, por así decirlo, podemos citar:

      • Afrodescendencia.
      • Obesidad.
      • Estilo de vida sedentario.
      • Diabetes mellitus.
      • Consumo frecuente de carne procesada.
      • Tabaquismo.
      • Consumo diario de bebidas alcohólicas

      Síntomas

      En la mayoría de los pacientes, el cáncer de colon no causa síntomas en sus primeras etapas.

      Los signos y síntomas generalmente ocurren cuando el tumor ya está grande lo suficiente para sangrar o para obstruir el paso de las heces por el intestino.

      Los signos y síntomas del cáncer colorrectal más comunes son:

      • Sangrado en las heces
      • Anemia.
      • Dolor abdominal.
      • Estreñimiento o empeoramiento reciente.
      • Heces finas.
      • Frecuente sensación de evacuación incompleta
      • Diarrea (posible síntoma, pero improbable).

      Aproximadamente un 20 % de los pacientes con adenocarcinoma de colon tienen síntomas de metástasis en el momento del diagnóstico. Los ganglios linfáticos, hígado, pulmón y peritoneo son los órganos más afectados por la metástasis del cáncer colorrectal.

      Diagnóstico

      Actualmente, la mejor manera de diagnosticar un tumor del intestino grueso es a través de la colonoscopia. Además de permitir la visualización directa del tumor, también permite al médico hacer las biopsias de la lesión, asegurando la confirmación del diagnóstico por histopatología.

      Estadificación del tumor

      Una vez que se ha realizado el diagnóstico del tumor maligno, el siguiente paso es la estadificación, un procedimiento utilizado para evaluar la extensión de la enfermedad y la posibilidad de curación o de tratamiento paliativo. La estadificación utiliza el sistema TNM (Tumor, Nódulo linfático, Metástasis) para describir la gravedad y la progresión del cáncer.

      Los exámenes que se utilizan con frecuencia en la estadificación incluyen la tomografía computarizada, la resonancia magnética nuclear y la tomografía por emisión de positrones (PET).

      Nota: Cuando usamos el sistema TNM para graduar la gravedad de los tumores, utilizamos los términos estadio. En cambio, el término etapa puede emplearse de forma más general para describir cualquier fase de la enfermedad, no necesariamente siguiendo una clasificación específica.

      Para facilitar la comprensión de las personas que no están habituadas a la estadificación de tumores malignos, podemos resumir los estadios de la siguiente forma:

      Estadio I: El tumor se encuentra restringido a la mucosa del colon o del recto, y aún no se ha extendido a capas más profundas de la pared interna del colon o del recto.
      Estadio II: El tumor es un poco más profundo y ya ha penetrado la pared del intestino, pero todavía no ha invadido los ganglios linfáticos cercanos.
      Estadio III: El tumor ya ha invadido los ganglios linfáticos cercanos, pero no hay signos de metástasis a distancia.
      Estadio IV: El tumor ya ha originado metástasis en otros órganos.

      La estadificación completa del cáncer de colon es más compleja que lo explicado arriba e incluye también los estadios I, IIA, IIB, IIC, IIIA, IIIB, IIIC, IVA, IVB e IVC. La subdivisión de los estadios en clase A, B y C depende de varios factores, tales como el número de ganglios linfáticos afectados, el grado de profundidad del tumor, la presencia de lesiones en el peritoneo y el número de metástasis existentes.

      Tratamiento

      Aproximadamente el 80 % de los cánceres intestinales se encuentran en los estadios I, II o III, lo que permite la realización de procedimientos quirúrgicos para su extirpación, con posibilidad de curación.

      Los cánceres en un estadio muy precoz pueden estar restringidos al pólipo que les dio origen. En estos casos, la simple extirpación completa del pólipo mediante colonoscopia es suficiente para la curación.

      Si el tumor ya es un poco mayor, la cirugía se vuelve necesaria, pues es preciso retirar la parte del intestino afectada (colectomía) y los ganglios linfáticos a su alrededor para que los médicos puedan examinarlos y tener la certeza de que el tumor aún no los ha alcanzado.

      En los tumores más avanzados, la colectomía tiende a ser más extensa y puede abarcar una gran área del intestino grueso.

      En las colectomías más extensas es común que el paciente necesite una colostomía, que es un procedimiento que conecta una parte del intestino con la piel, permitiendo que las heces se recojan en una bolsa especial. Con frecuencia, la colostomía es solo temporal, pero en algunos casos puede ser permanente, si no existe la posibilidad de reconstruir el tránsito intestinal.

      En los pacientes con estadio III, que presentan afectación de los ganglios linfáticos, la quimioterapia suele indicarse después de la cirugía, con el fin de eliminar cualquier resto de cáncer que pueda haber quedado.

      Cribado del cáncer de colon

      El hecho de que la transformación de un pólipo intestinal en un tumor maligno sea un proceso que suele tardar alrededor de 10 años en completarse hace que el cáncer colorrectal sea una de las formas de cáncer más fácilmente detectable mediante pruebas de cribado.

      La prueba más indicada para el cribado del cáncer colorrectal es la colonoscopia, que permite no solo el diagnóstico de pólipos sospechosos, sino también su extirpación.

      La rectosigmoidoscopia es una versión simplificada de la colonoscopia, que utiliza un endoscopio más corto y solo alcanza los 60 cm finales del intestino grueso. Como la mayoría de los tumores aparece en esa región, la rectosigmoidoscopia puede utilizarse en pacientes de bajo riesgo junto con la prueba de sangre oculta en heces (lea: Prueba de sangre oculta en heces).

      En la población general, el cribado suele indicarse a partir de los 45 años, con repetición cada 10 años, si la primera prueba es normal.

      En los pacientes con alto riesgo, como aquellos con antecedentes familiares importantes, el cribado debe iniciarse 10 años antes del caso familiar (si el padre tuvo cáncer a los 45 años, el cribado debe iniciarse a los 35).


      Referencias



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      Más comentarios de los lectores

      1. Aníbal Rosales

        Muy agradecido con la información. Consulta como son los síntomas en los ganglios linfático en etapa IV

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