¿Qué es la artritis reumatoide?
La artritis reumatoide (o artritis reumatoidea) es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta más a mujeres adultas y puede atacar a varios órganos y tejidos del cuerpo, pero tiene una clara preferencia por las articulaciones, especialmente las de los miembros superiores e inferiores.
¿Qué es la artritis?
Damos el nombre de artritis a la inflamación de una o más articulaciones. Una articulación con artritis se presenta hinchada, enrojecida, caliente y muy dolorosa.
La articulación es la región donde hay conexión de dos o más huesos. Ejemplos: rodilla, codo, puños, tobillos, hombros, etc.
Las articulaciones a lo largo del cuerpo no son todas iguales. Algunas articulaciones están conectadas por tejido fibroso, que pega un hueso a otro, dejándolos inmóviles, como en el caso de los huesos del cráneo; otros están conectados por cartílago y permiten poca movilidad, como los discos vertebrales que unen las vértebras de la columna; también existen articulaciones móviles, que normalmente están conectadas por cartílago y una bolsa llena de líquido (líquido sinovial) que permite un amplio movimiento de los huesos con una mínima fricción entre ellos, como es el caso de la rodilla, el codo, los hombros, etc.
Cuando solamente una articulación está inflamada, llamamos monoartritis. Cuando ocurre inflamación de varias articulaciones, es una poliartritis. La artritis todavía puede ser simétrica cuando afecta simultáneamente dos articulaciones hermanas, como rodillas, puños, tobillos, etc.
Cuando la articulación se presenta inflamada denominamos artritis; cuando la articulación está dolorida, pero sin signos clínicos de inflamación (hinchazón, calor o enrojecimiento), decimos que hay una artralgia.

Varias otras enfermedades afectan a las articulaciones, presentándose con cuadros de artritis, haciendo parte del diagnóstico diferencial de la artritis reumatoide; entre ellas podemos mencionar:
- Lupus.
- Gota.
- Osteoartritis (artrosis)
- Artritis séptica (infección de la articulación).
- Artritis psoriásica.
- Enfermedad de Still.
- Espondilitis anquilosante.
- Fiebre reumática.
Una característica típica de la inflamación articular de la artritis reumatoide es un acometimiento de la sinovia, tejido lleno de líquido que se encuentra en el centro de las articulaciones que sirven para reducir la fricción entre los huesos, como una especie de aceite lubricante.
No se sabe todavía lo que causa la artritis reumatoide, pero factores autoinmunes están presentes.
Por qué el sistema inmunitario pasa a atacar a sus propias articulaciones sigue siendo un misterio, pero el resultado final es la destrucción de los tejidos. Factores genéticos parecen ser importantes y la presencia de ciertos genes se asocia con un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad. Familiares de primer grado de pacientes presentan hasta 3 veces más probabilidades de también presentar AR.
La artritis reumatoide es más común en mujeres y en caucásicos (blancos). La aparición del pico de la enfermedad es entre 30 y 55 años. Hasta un 5 % de las mujeres mayores de 65 años presentan AR.
El acto de fumar está asociado con un mayor riesgo de artritis reumatoide y aumento de la gravedad de la enfermedad. La nuliparidad (ausencia de niños) también parece ser otro factor de riesgo.
Síntomas
El cuadro de artritis reumatoide generalmente comienza de forma insidiosa, con síntomas leves y pocos específicos, tales como cansancio, dolor muscular, pérdida de peso, fiebre baja, hormigueo en las manos y, a veces, pequeño dolor articular.
Es muy común ocurrir un intervalo de meses entre el inicio de los síntomas y la busca por atención médica.
Cuando el cuadro de la artritis comienza, es característicamente una poliartritis simétrica. Las articulaciones de las manos son, en general, las primeras a ser afectadas.
A medida que la enfermedad avanza, más articulaciones son afectadas. Puños, hombros, rodillas, pies, tobillos, columna, articulación de la mandíbula, cadera y otras pueden ser atacadas por el sistema inmunitario.
Los síntomas pueden ser cíclicos, alternando periodos de mejora con momentos de gran empeora, o continuos. Si no hay tratamiento, deformidades pueden surgir con el tiempo.
Una lesión típica de la artritis reumatoide deformante es el desvío lateral de los dedos asociado a una deformidad llamada cuello de cisne.

El acometimiento de las articulaciones es típico, pero la artritis reumatoide es una enfermedad sistémica que puede también presentarse con inflamación del pericardio (membrana que rodea el corazón), del pulmón, de la pleura o de los ojos, lesiones en los nervios periféricos, aumento del bazo, vasculitis y formación de nódulos subcutáneos, principalmente en la región del antebrazo y codo.
Pacientes con artritis reumatoide también tienen un mayor riesgo de infarto de miocardio (Lee: Síntomas del Infarto agudo de miocardio y angina).
La artritis reumatoide es un factor de riesgo para el síndrome del túnel carpiano.
Criterios de clasificación para la artritis reumatoide
El Colegio Americano de Reumatología ha establecido criterios para la artritis reumatoide. Para cerrar el diagnóstico, el paciente debe tener al menos 4 de los 7 criterios a continuación:
- Rigidez matutina: rigidez de las articulaciones al despertar, con una duración de al menos 1 hora.
- Artritis en al menos 3 articulaciones simultáneamente.
- Artritis de las manos y los puños.
- Artritis simétrica.
- Nódulos subcutáneos.
- Factor reumatoide positivo en el análisis de sangre.
- Alteraciones típicas de artritis reumatoide en las radiografías de manos y puños.
Los criterios de 1 a 4 deben presentarse por al menos 6 semanas. Estos criterios solamente sirven para pacientes con enfermedad plenamente establecida. Como ya fue dicho, en el inicio del cuadro, estos hallazgos pueden no estar presentes.
La artrocentesis es la colección de líquido sinovial por punción con aguja de una articulación inflamada. Este examen sirve para evaluar la composición del líquido sinovial y descartar otras causas de artritis. La artrocentesis también puede ser utilizada para inyectar medicamentos para el alivio de la artritis.
Investigación de autoanticuerpos en la sangre
Hasta un 80 % de los pacientes con artritis reumatoide presentan investigación de Factor Reumatoide positivo (un autoanticuerpo).
Sin embargo, este anticuerpo solo no es suficiente para establecer el diagnóstico. Otras enfermedades, como lupus, Sjögren o crioglobulinemia, también pueden presentar factor reumatoide positivo. Además, hasta el 10 % de la población sana puede tener FR positivo sin que esto indique cualquier enfermedad.
Un nuevo anticuerpo fue descubierto recientemente. Es el anti-PCC. Este anticuerpo es más específico para la artritis reumatoide que el factor reumatoide, siendo que hasta un 95 % de los pacientes con resultado positivo tienen AR.
Cuando los autoanticuerpos están presentes, existe un mayor riesgo de enfermedad más grave y deformante.
El anticuerpo ANA puede ser positivo hasta en 40 % de los casos. Se trata de un anticuerpo que ayuda en el diagnóstico de artritis reumatoide, ya que es generalmente positivo en varias otras enfermedades que se asocian a la artritis y, por lo tanto, son parte del diagnóstico diferencial. Sin embargo, sirve para sugerir la presencia de una enfermedad autoinmune como causa de los síntomas.
Tratamiento
La artritis reumatoide es una enfermedad crónica autoinmune que aún no tiene cura definitiva. Sin embargo, los tratamientos disponibles actualmente permiten controlar los síntomas, reducir la inflamación y, principalmente, prevenir la progresión hacia deformidades articulares incapacitantes.
El tratamiento de la AR debe ser siempre supervisado por un reumatólogo, médico especializado en enfermedades autoinmunes e inflamatorias de las articulaciones. Un enfoque precoz e individualizado es esencial para garantizar una mejor calidad de vida al paciente.
Tratamiento no farmacológico
Aunque la base del tratamiento de la AR es farmacológica, las medidas no farmacológicas desempeñan un papel importante en el control de la enfermedad y en el bienestar del paciente. Entre ellas, destacan:
- Ejercicio físico supervisado, que ayuda a preservar la movilidad, la fuerza muscular y la salud cardiovascular;
- Fisioterapia, para mantener o recuperar la función de las articulaciones afectadas;
- Seguimiento nutricional, especialmente en los casos de sobrepeso, obesidad o dislipidemia, que pueden agravar el cuadro clínico;
- No existe una dieta específica cuya eficacia haya sido comprobada para la artritis reumatoide, aunque una alimentación equilibrada y antiinflamatoria puede ser beneficiosa.
Tratamiento farmacológico
El tratamiento farmacológico es el pilar fundamental en el control de la artritis reumatoide. Los medicamentos tienen como objetivo reducir la inflamación, controlar los síntomas y evitar daños permanentes en las articulaciones. Existen diferentes clases de medicamentos, que se eligen según la gravedad de la enfermedad y la respuesta al tratamiento.
Antiinflamatorios no esteroideos (AINE)
Los antiinflamatorios, como el Ibuprofeno y el naproxeno, se utilizan para aliviar el dolor y la rigidez articular. Aunque ayudan a mejorar los síntomas, no modifican la progresión de la enfermedad ni previenen las deformidades. Su efecto completo puede tardar algunas semanas y el uso prolongado se asocia a efectos secundarios gastrointestinales, renales y cardiovasculares.
Glucocorticoides (corticoides)
Los glucocorticoides, como la prednisona, tienen una acción antiinflamatoria potente y rápida. Pueden administrarse por vía oral o inyectarse directamente en las articulaciones afectadas. Son útiles al inicio del tratamiento, en combinación con los FAME (ver más abajo), para un control más inmediato de los síntomas. Sin embargo, deben utilizarse con precaución, ya que el uso prolongado se asocia con osteoporosis, hipertensión, diabetes, aumento de peso, entre otros efectos adversos.
Fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (FAME)
Los FAME son medicamentos que modifican el curso de la enfermedad, controlando el proceso inflamatorio y previniendo daños articulares irreversibles. Sus efectos se perciben tras algunas semanas o meses de uso continuo.
Los FAME se dividen en tres grandes grupos:
1. FAME sintéticos convencionales (FAMEcs)
Son los medicamentos más antiguos y ampliamente utilizados, especialmente en la fase inicial de la enfermedad. Los principales son:
- Metotrexato (fármaco de primera elección en la mayoría de los casos).
- Sulfasalazina.
- Hidroxicloroquina.
- Leflunomida.
Estos medicamentos requieren un control analítico regular, ya que pueden afectar al hígado, la médula ósea u otros órganos.
2. FAME biológicos (FAMEb)
Son medicamentos producidos mediante biotecnología que bloquean moléculas específicas del sistema inmunitario implicadas en el proceso inflamatorio. Actúan más rápidamente que los FAME convencionales, con respuesta en hasta dos semanas en algunos casos. Entre los principales se incluyen:
- Etanercept (Enbrel®).
- Infliximab (Remicade®).
- Adalimumab (Humira®).
- Anakinra (Kineret®).
- Abatacept (Orencia®).
- Rituximab (Rituxan®).
Estos fármacos suelen indicarse cuando no hay una respuesta satisfactoria a los FAME convencionales. Tienen un coste elevado, aunque algunos ya están disponibles en el sistema sanitario público (SUS) para pacientes con indicación formal.
3. FAME sintéticos dirigidos (FAMEts) – Inhibidores de JAK
Más recientemente, han surgido los inhibidores de la enzima Janus quinasa (JAK), medicamentos orales con una potente acción antiinflamatoria y de inicio rápido. Entre los principales representantes se encuentran:
- Tofacitinib.
- Baricitinib.
- Upadacitinib.
Al ser fármacos inmunosupresores, también requieren un control riguroso mediante seguimiento clínico y analítico.
Estrategia “Treat-to-Target” (tratar para alcanzar objetivos)
El tratamiento de la artritis reumatoide sigue actualmente el enfoque conocido como treat-to-target (T2T). Esto significa que el objetivo es alcanzar y mantener la remisión clínica de la enfermedad o, al menos, una actividad inflamatoria mínima.
Para lograrlo, el médico hace evaluaciones periódicas y ajusta el tratamiento según la respuesta del paciente, buscando el mejor control posible de la enfermedad en el menor tiempo.
Medicina alternativa y terapias complementarias
Hasta el momento, ningún tratamiento alternativo ha demostrado una eficacia superior al placebo en el control de la artritis reumatoide. Esto incluye suplementos como colágeno, cartílago de tiburón, así como terapias como la homeopatía, la acupuntura o el uso de pulseras magnéticas.
Aunque algunos enfoques complementarios pueden proporcionar una sensación subjetiva de bienestar, no sustituyen los tratamientos médicos cuya eficacia ha sido comprobada. Cualquier práctica complementaria debe ser discutida con el reumatólogo, para garantizar su seguridad y evitar interferencias con el tratamiento convencional.
Referencias
- Canadian Rheumatology Association Recommendations for Pharmacological Management of Rheumatoid Arthritis with Traditional and Biologic Disease-modifying Antirheumatic Drugs – Journal of Rheumatology.
- 2015 American College of Rheumatology Guideline for the Treatment of Rheumatoid Arthritis – American College of Rheumatology.
- EULAR recommendations for the management of rheumatoid arthritis with synthetic and biological disease-modifying antirheumatic drugs: 2016 update – British Medical Journal.
- Rheumatoid arthritis in adults: management – The National Institute for Health and Care Excellence (NICE).
- Clinical manifestations of rheumatoid arthritis – UpToDate.
- Diagnosis and differential diagnosis of rheumatoid arthritis – UpToDate.
- Initial treatment of rheumatoid arthritis in adults – UpToDate.
- Goldman L, et al., eds. Rheumatoid arthritis. In: Goldman-Cecil Medicine. 25th ed. Philadelphia, Pa.: Saunders Elsevier; 2016.

Dudas de los lectores sobre este tema
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