Vaginosis bacteriana: qué es, síntomas y tratamiento


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Escrito por Dr. Pedro Pinheiro
Revisado y actualizado el 28 de enero de 2026

¿Qué es la vaginosis?

La vaginosis bacteriana es una infección vaginal causada por la proliferación anormal de las bacterias naturales de la vagina, siendo la principal causa de flujo vaginal en mujeres en edad fértil.

La vaginosis está relacionada con el crecimiento de diversas bacterias, pero una de ellas en particular, llamada Gardnerella vaginalis, puede provocar un flujo con olor desagradable, similar al olor a pescado.

En este texto abordaremos el flujo vaginal causado por la vaginosis bacteriana, especialmente por la bacteria Gardnerella vaginalis. Otras causas de flujo vaginal se tratan en el siguiente artículo: Flujo vaginal: blanco, amarillo, marrón, maloliente…

Causas

La vagina es un órgano naturalmente habitado por diversas bacterias, algunas “buenas” y otras “malas”. Los lactobacilos son las bacterias “buenas” y normalmente se encuentran en mayor cantidad (alrededor del 95 % de la población bacteriana), impidiendo el crecimiento de bacterias potencialmente patógenas mediante el control del pH vaginal y la competencia por nutrientes.

La vaginosis bacteriana ocurre cuando se rompe este equilibrio, lo que provoca una disminución de los lactobacilos y un crecimiento de la flora “mala”, compuesta por diversas bacterias, entre ellas: Gardnerella vaginalis, Prevotella, Porphyromonas, Bacteroides, Peptostreptococcus, Mycoplasma hominis, Ureaplasma urealyticum, Mobiluncus, Fusobacterium y Atopobium vaginae.

De todas estas bacterias, Gardnerella vaginalis parece ser el microorganismo más característico de la vaginosis, estando presente en más del 96 % de los casos.

Aún no se sabe con certeza qué provoca esta desregulación de la flora bacteriana natural de la vagina, pero ya se conocen algunos factores de riesgo:

  • Tener múltiples parejas sexuales.
  • Realizar duchas vaginales con frecuencia.
  • Fumar.
  • Uso reciente de antibióticos.
  • Uso de DIU.

La vaginosis bacteriana es una enfermedad típica de mujeres en edad fértil; no se conoce la razón exacta, pero es más frecuente en mujeres afrodescendientes.

La clasificación de la vaginosis bacteriana como una infección de transmisión sexual (ITS) es actualmente aceptada, aunque sigue siendo objeto de debate. A favor de esta clasificación se encuentra el hecho de que la promiscuidad sexual es uno de los factores de riesgo para su desarrollo.

Otro argumento a favor es que el uso del preservativo reduce la incidencia de esta infección. Por otro lado, incluso mujeres vírgenes o sin actividad sexual reciente pueden desarrollar vaginosis bacteriana.

Síntomas

Dos de cada tres mujeres con vaginosis bacteriana no presentan ningún tipo de síntoma. En aquellas que sí los presentan, el más común es un flujo grisáceo con olor fuerte, generalmente descrito como flujo con olor a pescado. Este flujo vaginal maloliente suele empeorar después de las relaciones sexuales.

A diferencia de otras causas de flujo vaginal que suelen acompañarse de vaginitis (inflamación de la vagina), la vaginosis bacteriana provoca poca o ninguna inflamación; por lo tanto, no suele presentar síntomas como dolor, picor o disuria (dolor o molestia al orinar).

Vaginosis bacteriana
Vaginosis bacteriana

Diagnóstico

El diagnóstico de la vaginosis bacteriana se basa en el conjunto de síntomas y hallazgos de laboratorio. Si presentas quejas de flujo vaginal, el ginecólogo realizará un examen ginecológico completo y recogerá muestras de las secreciones.

Mediante el análisis de estas secreciones, es posible evaluar el pH vaginal (que se vuelve menos ácido en la vaginosis) y buscar microorganismos al microscopio. En el caso de la vaginosis, existe una prueba sencilla que puede hacerse en la propia consulta, y que consiste en añadir hidróxido de potasio al 10 % a la secreción vaginal para intensificar la liberación del característico olor fuerte a pescado.

Con el examen microscópico, es posible identificar las llamadas clue cells, células típicas de la vaginosis bacteriana. También se pueden detectar otros gérmenes que provocan flujo vaginal distinto a la vaginosis, como los hongos, por ejemplo.

El cultivo de las secreciones para identificar bacterias no tiene utilidad en el diagnóstico, ya que hasta un 60 % de las mujeres sin vaginosis albergan Gardnerella vaginalis y otras bacterias en sus vaginas. Tener Gardnerella vaginalis no significa necesariamente que una mujer vaya a desarrollar vaginosis.

Complicaciones

Incluso en pacientes sin síntomas, la vaginosis puede causar complicaciones. Entre ellas podemos mencionar:

  • Mayor riesgo de contaminación por otras ITS en caso de relación con pareja infectada.
  • Aumento del riesgo de transmisión de ITS para la pareja si la paciente está infectada con una ITS.
  • Mayor riesgo de enfermedad pélvica inflamatoria, principalmente después de cirugías ginecológicas.
  • Mayor riesgo de parto prematuro en mujeres embarazadas.

ITS con riesgo de transmisión y contaminación aumentado:

Tratamiento

En aproximadamente un tercio de los casos, la vaginosis desaparece incluso sin tratamiento, debido a la recuperación de la población natural de lactobacilos en la vagina. Por lo tanto, dado que la probabilidad de curación espontánea es relevante, solo se indica tratamiento cuando hay síntomas o si la paciente va a someterse a una cirugía ginecológica.

Antibióticos

El tratamiento, cuando está indicado, se realiza con antibióticos por vía oral o intravaginal. Los más prescritos son el metronidazol o la clindamicina durante siete días. Tinidazol o secnidazol también son buenas opciones.

Los esquemas terapéuticos más recomendados son:

  • Metronidazol comprimidos de 500 mg, por vía oral, dos veces al día durante 7 días.
  • Gel de metronidazol al 0,75 %, un aplicador completo (5 g) por vía intravaginal, una vez al día durante 5 días.
  • Crema de clindamicina al 2 %, un aplicador completo (5 g) por vía intravaginal al acostarse durante 7 días.
  • Tinidazol 2 g, por vía oral, una vez al día durante 2 días.

Debe evitarse el consumo de alcohol durante el tratamiento con metronidazol, ya que esta combinación aumenta el riesgo de una reacción tipo disulfiram (ver: ¿Puedo beber alcohol si estoy tomando antibióticos?). La abstinencia de alcohol debe mantenerse durante al menos 24 horas tras finalizar el tratamiento con metronidazol.

Cuando se prescribe un tratamiento con clindamicina por vía intravaginal, se deben evitar las relaciones sexuales con preservativo durante los cinco días posteriores al término del tratamiento, ya que el antibiótico está formulado a base de aceite y debilita el látex, reduciendo su eficacia como barrera protectora.

Embarazadas

El tratamiento de la vaginosis bacteriana en mujeres embarazadas debe realizarse siempre que haya síntomas.

En cuanto a las embarazadas asintomáticas, el tratamiento es controvertido, ya que no existen pruebas de que reduzca la incidencia de partos prematuros. Actualmente, solo se indica el tratamiento en embarazadas sin síntomas si existe un alto riesgo de parto prematuro o antecedentes de parto prematuro relacionados con la presencia de vaginosis.

Recaídas

El tratamiento con antibióticos cura la vaginosis, pero no actúa directamente sobre sus causas. Por eso, la tasa de recurrencia es elevada: alrededor del 30 % en tres meses y hasta el 50 % en un año.

Las pacientes con más de tres episodios al año se benefician de un tratamiento prolongado con gel intravaginal de metronidazol al 0,75 %, dos veces por semana, durante 4 a 6 meses.

El consumo de yogures con lactobacilos no es eficaz como método preventivo, ya que los lactobacilos presentes en los alimentos son diferentes de los que habitan en la vagina.

Tratamiento de la pareja

Dado que la vaginosis no se considera necesariamente una infección de transmisión sexual (ITS), no es habitual indicar el tratamiento del compañero sexual.

Sin embargo, un estudio reciente publicado en el New England Journal of Medicine (2025) ha aportado nuevas evidencias sobre la importancia de considerar el tratamiento del compañero masculino en los casos de vaginosis bacteriana recurrente.

La investigación incluyó parejas heterosexuales monógamas en las que la mujer había sido diagnosticada con vaginosis. El tratamiento estándar, que implica el uso de antibióticos como el metronidazol por vía oral, se comparó con un enfoque más amplio, en el que tanto la mujer como su pareja recibieron tratamiento: metronidazol oral y clindamicina tópica aplicada sobre la piel del pene, ambos durante 7 días. Los resultados mostraron una reducción significativa en la tasa de recurrencia de la vaginosis en el grupo en el que ambos miembros de la pareja fueron tratados: 35 % frente a un 63 % en el grupo en que solo la mujer fue tratada.

Estos hallazgos refuerzan la hipótesis de que la vaginosis bacteriana, aunque no esté formalmente clasificada como una ITS, puede implicar el intercambio de microorganismos entre los miembros de la pareja, favoreciendo la reinfección.

Por lo tanto, en casos de recurrencia frecuente, puede ser razonable considerar el tratamiento del compañero sexual, aunque esta medida aún no se haya incorporado a las directrices formales. El estudio también observó que los efectos adversos en los hombres tratados fueron leves y autolimitados, como náuseas, cefalea y sabor metálico.

En el caso de relaciones homosexuales entre mujeres, aún no está claro si es necesario tratar a la pareja.


Referencias



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