Metformina: qué es, para qué sirve y efectos secundarios


Foto del autor
Escrito por Dr. Pedro Pinheiro
Revisado y actualizado el 4 de abril de 2026

¿Qué es la metformina?

La metformina, también conocida por su nombre técnico clorhidrato de metformina, es un medicamento ampliamente utilizado en el tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2. Pertenece a la clase de los hipoglucemiantes orales, es decir, medicamentos administrados por vía oral con el fin de reducir los niveles de glucosa en sangre.

Introducida en la práctica médica en la década de 1950, la metformina sigue siendo hoy en día la primera opción terapéutica para los pacientes con diabetes tipo 2, ya sea en monoterapia o en combinación con otros antidiabéticos orales o insulina. Su uso está respaldado por décadas de evidencia científica que demuestra su eficacia, seguridad, bajo costo e impacto positivo en la evolución de la enfermedad.

La metformina forma parte del grupo de las biguanidas, una clase de fármacos antidiabéticos. Actualmente, es el único representante aún disponible en el mercado, ya que otros compuestos del mismo grupo, como la fenformina y la buformina, se retiraron en la década de 1970 debido al alto riesgo de efectos adversos graves, como la acidosis láctica.

Hablamos específicamente sobre todos los grupos de hipoglucemiantes en el artículo: Antidiabéticos (remedios para la diabetes de tipo 2).

¿Cómo actúa la metformina?

Para comprender la acción de la metformina, es importante entender las diferencias fundamentales entre los dos tipos principales de diabetes mellitus.

  • En la diabetes tipo 1, existe una deficiencia absoluta en la producción de insulina por parte del páncreas.
  • En la diabetes tipo 2, el organismo sigue produciendo insulina, pero las células se vuelven resistentes a su acción, lo que compromete la captación de glucosa y provoca un aumento de los niveles de azúcar en sangre.

Esta resistencia a la insulina es la principal característica de la diabetes tipo 2 y permite que el tratamiento, en las fases iniciales, se realice con medicamentos orales, como la metformina, especialmente eficaz en pacientes que aún mantienen una producción significativa de insulina endógena.

La metformina promueve el control de la glucemia a través de tres mecanismos principales:

  1. Disminuye la producción de glucosa por el hígado: en los periodos de ayuno, como durante la noche o entre comidas, el hígado suele liberar glucosa al torrente sanguíneo para mantener los niveles de energía del cuerpo. La metformina actúa bloqueando esta producción excesiva de glucosa, especialmente la que se produce a partir de fuentes como las proteínas y las grasas (proceso denominado gluconeogénesis). De este modo, los niveles de azúcar en sangre se mantienen más estables.
  2. Mejora la acción de la insulina en el organismo: en las personas con diabetes tipo 2, el cuerpo produce insulina, pero las células tienen dificultades para responder a ella, lo que se denomina resistencia a la insulina. La metformina ayuda a las células a responder mejor a la insulina, especialmente en los músculos, donde se produce gran parte del uso de la glucosa. Esto facilita la entrada del azúcar en las células, reduciendo la glucemia. Vale la pena recordar: la metformina no aumenta la producción de insulina, solo mejora su eficacia.
  3. Reduce la absorción de glucosa en el intestino: al retrasar la absorción de la glucosa procedente de los alimentos en el tracto digestivo, la metformina ayuda a evitar picos de glucemia justo después de las comidas (hiperglucemias posprandiales). Este efecto complementario contribuye a un control más equilibrado a lo largo del día.

Gracias a estos efectos combinados, la metformina actúa de forma integral en el metabolismo de la glucosa, promoviendo un mejor control glucémico con bajo riesgo de hipoglucemia, lo que la diferencia de otras clases de antidiabéticos.

Metformina y pérdida de peso

La metformina se considera a menudo una opción ventajosa para los pacientes con diabetes tipo 2 y sobrepeso u obesidad, ya que, a diferencia de otros medicamentos antidiabéticos, como la insulina o las sulfonilureas, no está asociada al aumento de peso. Esta es una de las principales razones por las que sigue siendo ampliamente recomendada como terapia inicial.

Sin embargo, es importante desmentir un mito común: aunque muchas personas creen que la metformina favorece la pérdida de peso, los estudios demuestran que, cuando se produce, la pérdida de peso es generalmente modesta.

Se cree que la metformina puede reducir ligeramente el apetito y mejorar la sensibilidad a la insulina, lo que puede conducir a una menor ingesta calórica y a un mejor uso de la glucosa. Sin embargo, estos efectos son leves y no justifican el uso de la metformina con el objetivo principal de perder peso, especialmente en personas sin diabetes.

Los estudios muestran que la mayoría de los pacientes que utilizan metformina mantienen un peso estable. En algunos casos, especialmente entre personas con obesidad y resistencia a la insulina, puede producirse una discreta pérdida de peso, que generalmente no supera los 2 o 3 kg a lo largo de meses de tratamiento. Esta pérdida tiende a ser más relevante en pacientes con obesidad de grado 1 o superior, pero rara vez se produce de forma significativa en personas con peso normal (lectura recomendada: Calcula tu peso ideal e IMC (masa corporal)).

¿Existen medicamentos más eficaces que la metformina para perder peso?

Sí. Para los pacientes con diabetes tipo 2 que también necesitan perder peso de forma significativa, existen hoy en día medicamentos más modernos y eficaces, como:

  • Agonistas del receptor del GLP-1 (como semaglutida, liraglutida y dulaglutida): promueven la saciedad, reducen el apetito y favorecen la pérdida de peso de forma relevante (lea: Información sobre la Semaglutida (Ozempic y Wegovy)).
  • Agonistas duales del GLP-1 y el GIP, como la tirzepatida: considerada una de las opciones más prometedoras, con un potencial de pérdida de peso similar al observado con procedimientos bariátricos en algunos estudios.

Estos medicamentos pueden utilizarse en combinación con metformina, cuando sea necesario, tanto para controlar la glucemia como para optimizar la pérdida de peso en pacientes con obesidad y diabetes.

Beneficios cardiovasculares de la metformina

Además de su reconocido papel en el control glucémico, la metformina ha despertado interés por sus posibles efectos beneficiosos sobre el sistema cardiovascular, especialmente en pacientes con diabetes tipo 2, un grupo ya conocido por presentar un alto riesgo de complicaciones cardiovasculares, como infarto de miocardio, accidente cerebrovascular (ACV) e insuficiencia cardíaca.

Estudios clínicos y observacionales sugieren que el uso regular de metformina puede estar asociado con una reducción del riesgo de eventos cardiovasculares. Este beneficio parece ser más evidente en pacientes con sobrepeso u obesidad y en las primeras etapas de la diabetes.

Aunque estos datos son prometedores, cabe señalar que la mayoría de las pruebas disponibles proceden de estudios observacionales, que muestran una asociación, pero no demuestran una relación directa de causa y efecto. Aun así, la magnitud del posible beneficio cardiovascular es suficiente para que muchas directrices consideren la metformina una opción preferente en pacientes con alto riesgo cardiovascular.

Los posibles efectos cardiovasculares de la metformina parecen estar relacionados con una serie de acciones metabólicas y vasculares, entre ellas:

  • Reducción de los triglicéridos y los ácidos grasos libres en sangre, sustancias asociadas con un mayor riesgo de aterosclerosis e inflamación vascular (lea: Triglicéridos: qué son, niveles, riesgos y tratamiento).
  • Discreta disminución del colesterol LDL (conocido como «colesterol malo»), que contribuye a la formación de placas en las arterias (lea: ¿Qué es el colesterol (LDL, HDL, VLDL y triglicéridos)?).
  • Aumento modesto del colesterol HDL (el «colesterol bueno»), que ayuda a eliminar el exceso de grasa de las arterias.
  • Reducción de la inflamación sistémica y mejora de la función endotelial, lo que favorece una mejor salud de los vasos sanguíneos.

Aunque los agonistas del receptor del GLP-1 y los inhibidores de SGLT2 (como la dapagliflozina y la empagliflozina) tienen beneficios cardiovasculares bien documentados, la metformina sigue siendo una buena opción de tratamiento, incluso cuando se usa junto con estas nuevas clases de medicamentos.

¿Para qué sirve la metformina?

El clorhidrato de metformina es un hipoglucemiante oral cuya indicación principal es el tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2.

Gracias a su perfil clínico favorable, la metformina se recomienda como tratamiento inicial en prácticamente todas las directrices internacionales para el manejo de la diabetes tipo 2, incluidas las de la Asociación Americana de Diabetes (ADA) y la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD).

La metformina puede utilizarse como monoterapia (único medicamento) o en combinación con otros antidiabéticos orales o insulina, según las necesidades del paciente y la gravedad del cuadro glucémico.

El objetivo del tratamiento con metformina es mantener los niveles de glucosa dentro del rango ideal, previniendo complicaciones a largo plazo de la diabetes, como enfermedades cardiovasculares, neuropatía diabética, nefropatía y retinopatía (lea: ¿Qué es la prueba de hemoglobina glicosilada?).

Otras posibles indicaciones de la metformina además de la diabetes

Aunque la principal indicación clínica de la metformina es el tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2, este medicamento también se ha utilizado, en algunas situaciones, de forma off-label (fuera de prospecto) para tratar afecciones asociadas a la resistencia a la insulina, incluso en pacientes que no padecen diabetes.

A continuación, destacamos las principales afecciones en las que se ha estudiado o utilizado la metformina de forma complementaria:

Síndrome de ovarios poliquísticos (SOP)

El SOP es una afección hormonal común en mujeres en edad fértil, a menudo asociada con resistencia a la insulina, sobrepeso, irregularidades menstruales y aumento de la producción de hormonas androgénicas (como la testosterona), lo que puede causar hirsutismo (exceso de vello) y acné.

La metformina se ha utilizado en mujeres con SOP con el objetivo de:

  • Mejorar la regularidad de los ciclos menstruales.
  • Reducir la producción de andrógenos.
  • Aumentar las posibilidades de ovulación y fertilidad.
  • Ayudar a controlar el peso.

Aunque algunos estudios sugieren beneficios modestos, especialmente en pacientes con sobrepeso u obesidad, la eficacia de la metformina no es uniforme. Las directrices más recientes recomiendan su uso solo como segunda línea, generalmente cuando fallan las intervenciones relacionadas con el estilo de vida o cuando existen contraindicaciones para otras terapias, como los anticonceptivos hormonales.

Hablamos específicamente del SOP en el artículo: Ovario poliquístico – Síntomas y tratamiento.

Esteatosis hepática no alcohólica

La esteatosis hepática no alcohólica se produce cuando hay acumulación de grasa en las células del hígado, a menudo en asociación con obesidad, resistencia a la insulina y síndrome metabólico.

La metformina se ha considerado una posible opción terapéutica, especialmente en pacientes con signos de resistencia a la insulina. Sin embargo, los estudios más recientes no han demostrado una mejora significativa en los marcadores de inflamación hepática o fibrosis. Por este motivo, la metformina no se recomienda como tratamiento específico para la esteatosis hepática.

Hablamos específicamente de la esteatosis hepática en el artículo: ¿Qué es la esteatosis hepática (hígado graso)?

Prediabetes

La prediabetes es una afección caracterizada por niveles de glucosa en sangre por encima de lo normal, pero aún no lo suficientemente altos como para configurar la diabetes tipo 2. Se trata de una fase intermedia, con un riesgo aumentado de progresión a la diabetes, además de estar asociada a un riesgo cardiovascular elevado.

La metformina puede ayudar a retrasar o prevenir la aparición de la diabetes en personas con prediabetes, especialmente en aquellas con:

  • IMC ≥ 35 kg/m²;
  • Edad inferior a 60 años;
  • Mujeres con antecedentes de diabetes gestacional.

Sin embargo, cabe destacar que el cambio de estilo de vida, con pérdida de peso, una dieta saludable y actividad física regular, es significativamente más eficaz que la metformina en la prevención de la diabetes tipo 2.

Hablamos específicamente sobre la prediabetes en el artículo: Prediabetes: síntomas, diagnóstico y tratamiento.

Nombres comerciales

La metformina es un medicamento que puede encontrarse en las farmacias en forma genérica o con los siguientes nombres comerciales:

  • Dabex.
  • Dimefor.
  • Glucofage​.
  • Glucophage.
  • Glucophage XR.
  • Glafornil.
  • Glucaminol.
  • Diaformina.

Cómo tomar – Posología

Las presentaciones más comunes de la metformina son:

  • Comprimidos de liberación inmediata: 500 mg, 850 mg y 1000 mg.
  • Comprimidos de liberación prolongada (XR): 750 mg y 1000 mg.

Tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2

Adultos ≥ 17 años:

Dosis inicial: 500 mg dos veces al día u 850 mg una vez al día. La dosis puede aumentarse en 500 mg cada dos semanas. Si se necesita una dosis superior a 2000 mg al día, la posología debe modificarse a tres veces al día. La dosis máxima total recomendada es de 2550 mg al día.

En el caso de los comprimidos de liberación prolongada, la dosis inicial es de 500 a 1000 mg una vez al día. La dosis puede aumentarse en 500 mg cada semana, siendo la dosis máxima de 2000 mg una vez al día.

En muchos casos, no se obtienen respuestas clínicas significativas con dosis inferiores a 1500 mg al día; sin embargo, para minimizar los efectos secundarios gastrointestinales, se recomienda una dosis inicial baja, con un aumento gradual a lo largo de las semanas.

La metformina debe tomarse con las comidas y el comprimido debe tragarse entero, evitando partirlo o masticarlo.

Tratamiento del síndrome de ovario poliquístico (off-label y solo como segunda línea)

  • 1500 mg a 2000 mg al día, divididos en 2 o 3 dosis diarias (dosis inicial de 500 mg al día, con incrementos de 500 mg cada 1 o 2 semanas).
  • En comprimidos de liberación prolongada, la dosis es de 1000 mg dos veces al día (dosis inicial de 500 mg al día, con incrementos de 500 mg cada 1 o 2 semanas).

Contraindicaciones

Aunque la metformina es, en general, un medicamento seguro y bien tolerado, existen algunas situaciones clínicas en las que su uso está contraindicado o requiere especial atención. La más relevante de estas contraindicaciones está relacionada con el funcionamiento de los riñones.

El uso de metformina está contraindicado en pacientes con insuficiencia renal moderada a grave, debido al aumento del riesgo de acidosis láctica, una complicación poco frecuente, pero potencialmente mortal.

Las directrices actuales recomiendan lo siguiente:

  • No iniciar la metformina si la tasa de filtración glomerular (TFG) es inferior a 45 ml/min.
  • Suspender el uso de metformina si la TFG es inferior a 30 ml/min, incluso en pacientes que ya están utilizando el medicamento.

La TFG se puede estimar mediante fórmulas matemáticas basadas en la dosis de creatinina en sangre, como el aclaramiento de creatinina de la fórmula CKD-EPI.

Les proporcionamos algunas calculadoras para que puedan evaluar el grado de funcionamiento de sus riñones: Calculadoras del aclaramiento de creatinina (GFR).

Además de la insuficiencia renal, otras afecciones requieren una evaluación rigurosa antes de usar metformina, entre ellas:

  • Enfermedad hepática avanzada (riesgo aumentado de acidosis láctica debido a una menor depuración hepática del lactato);
  • Insuficiencia cardíaca descompensada (hipoperfusión tisular y aumento del riesgo metabólico);
  • Estados de hipoxia tisular, como infecciones graves, shock séptico, infarto agudo de miocardio o insuficiencia respiratoria grave.

En todas estas situaciones, el riesgo de acumulación de metformina en el organismo y la consiguiente toxicidad metabólica aumenta de forma significativa.

Metformina durante el embarazo y la lactancia

Embarazo

Aunque la metformina no está formalmente contraindicada durante el embarazo, el tratamiento de elección para el control glucémico durante el embarazo sigue siendo la insulina, debido a su eficacia y a su historial de seguridad más consolidado.

Sin embargo, la metformina puede utilizarse en casos específicos, como por ejemplo:

  • Cuando la embarazada no tolera o no puede usar insulina;
  • Cuando la insulina sola no es suficiente para alcanzar el control glucémico deseado, incluso con dosis adecuadas;
  • En casos de diabetes mellitus tipo 2 previamente diagnosticada y ya bien controlada con metformina antes del embarazo.

Evidencias científicas recientes han demostrado que el uso de metformina durante el embarazo no está asociado con un aumento del riesgo de malformaciones congénitas, abortos espontáneos o resultados obstétricos adversos, siempre que los niveles glucémicos maternos estén bien controlados.

Además, en algunos estudios sobre diabetes gestacional, la metformina ha mostrado resultados comparables a los de la insulina en el control glucémico, con el beneficio adicional potencial de un menor aumento de peso materno.

Lactancia

Durante la lactancia, la metformina puede utilizarse con seguridad en la mayoría de los casos. Los estudios demuestran que la cantidad de metformina excretada en la leche materna es muy pequeña y que los niveles encontrados en el organismo del lactante son mínimos y no clínicamente significativos.

Sobre la base de estas pruebas, la mayoría de los expertos y sociedades médicas consideran que el uso de metformina es compatible con la lactancia, especialmente cuando los beneficios para el control glucémico materno superan los riesgos teóricos para el bebé.

Efectos secundarios

La metformina se considera un medicamento seguro y bien tolerado en la mayoría de los pacientes, especialmente cuando se utiliza en las dosis adecuadas y respetando sus contraindicaciones, como en los casos de insuficiencia renal avanzada.

Los efectos adversos más frecuentes de la metformina están relacionados con el tracto gastrointestinal y suelen aparecer en las primeras semanas de uso o tras un aumento de la dosis. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:

  • Diarrea
  • Náuseas y malestar abdominal;
  • Sensación de estómago lleno o hinchazón;
  • Sabor metálico en la boca.

Estos efectos suelen ser leves y transitorios, y desaparecen espontáneamente con el tiempo o tras ajustar la dosis. Para minimizarlos, se recomienda:

  • Iniciar el tratamiento con dosis bajas y aumentarlas gradualmente;
  • Tomar el medicamento junto con las comidas;
  • Utilizar, cuando sea necesario, las formulaciones de liberación prolongada (XR), que suelen tolerarse mejor.

Riesgo de hipoglucemia

A diferencia de otros antidiabéticos orales, como las sulfonilureas y la insulina, la metformina rara vez causa hipoglucemia (descenso excesivo del azúcar en sangre). Esto se debe a que no estimula la producción de insulina, sino que solo mejora la acción de la insulina ya existente.

Acidosis láctica

La acidosis láctica es el efecto adverso más temido de la metformina, aunque es poco frecuente. Se trata de una afección grave, caracterizada por la acumulación de ácido láctico en la sangre, que conduce a una acidosis metabólica grave y puede evolucionar rápidamente a un paro cardiorrespiratorio si no se trata.

La acidosis láctica asociada a la metformina se produce casi exclusivamente en pacientes con:

  • Insuficiencia renal avanzada;
  • Enfermedad hepática grave;
  • Insuficiencia cardíaca descompensada;
  • Afecciones con hipoxia tisular (por ejemplo, sepsis, shock, infarto extenso).

Los signos y síntomas de alerta de la acidosis láctica incluyen:

  • Debilidad intensa y fatiga inexplicable;
  • Dolores musculares y abdominales;
  • Respiración rápida y superficial (taquipnea);
  • Sensación de frío, escalofríos o hipotermia;
  • Mareos y confusión mental;
  • Latidos cardíacos irregulares.

Ante un cuadro de acidosis láctica, la intervención médica inmediata es vital. El tratamiento debe incluir la interrupción del uso de metformina, la hidratación por vía intravenosa y la realización de hemodiálisis de urgencia en los casos más críticos.

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Cuánto tiempo tarda la metformina en hacer efecto?

La metformina comienza a actuar en el organismo en los primeros días de uso, pero el efecto más consistente en la reducción de la glucemia suele observarse después de 1 a 2 semanas de tratamiento continuo. La respuesta clínica puede variar según la dosis, la forma farmacéutica utilizada (común o XR), la dieta del paciente y el grado de resistencia a la insulina.

¿Qué sucede si una persona que no tiene diabetes toma metformina?

Si una persona que no tiene diabetes toma metformina, los efectos varían, pero por lo general no aportan beneficios y pueden causar molestias. Los efectos secundarios más comunes incluyen náuseas, diarrea, dolor abdominal y sabor metálico en la boca.

Además, existe el riesgo de una caída excesiva de la glucosa, especialmente en situaciones de ayuno o baja ingesta calórica, lo que puede provocar debilidad y mareos.

El uso prolongado también puede provocar una deficiencia de vitamina B12 y, en casos raros, acidosis láctica, especialmente si el paciente tiene una enfermedad renal.

¿La metformina da sueño o cansancio?

La metformina no suele causar sueño o cansancio directamente. Sin embargo, algunas personas pueden referir sensación de fatiga, especialmente durante las primeras semanas de uso. Este síntoma, cuando se presenta, puede estar relacionado con la adaptación del organismo, la reducción brusca de la glucemia o, más raramente, con efectos secundarios como la deficiencia de vitamina B12 en tratamientos prolongados.

Si la fatiga persiste o es intensa, es importante acudir al médico para evaluar otras posibles causas, como anemia, hipoglucemia o alteraciones metabólicas.

¿La metformina puede causar deficiencia de vitamina B12?

Sí. El uso prolongado de metformina se ha asociado con una reducción en la absorción de vitamina B12, lo que puede conducir, en casos más raros, a síntomas de neuropatía o anemia megaloblástica. Por lo tanto, se recomienda controlar los niveles en tratamientos prolongados, especialmente en personas mayores.

¿Es necesario hacer pausas en el uso de la metformina?

En general, la metformina se utiliza de forma continua, sin necesidad de pausas. Sin embargo, puede suspenderse temporalmente en casos como exámenes con contraste yodado, deshidratación, infecciones graves o cirugías, para evitar el riesgo de acidosis láctica.

¿Puedo tomar metformina en ayunas?

No se recomienda tomar metformina en ayunas. Lo ideal es que el medicamento se tome junto con las comidas o inmediatamente después de ellas, especialmente para minimizar los efectos secundarios gastrointestinales, como náuseas, dolor abdominal o diarrea. Esto se aplica tanto a los comprimidos comunes como a las versiones de liberación prolongada (XR).

¿Se puede tomar el clorhidrato de metformina por la noche?

Sí. La metformina se puede tomar por la mañana y/o por la noche, según la prescripción. De hecho, la versión de liberación prolongada (XR) suele administrarse una vez al día, generalmente por la noche, con la cena, para mejorar la tolerancia gastrointestinal y el control glucémico nocturno.

¿Puedo partir o masticar el comprimido de metformina?

No se deben partir ni masticar los comprimidos, especialmente los de liberación prolongada (XR), ya que esto interfiere en el mecanismo de liberación del medicamento y puede aumentar los efectos secundarios.

¿Puedo tomar metformina y beber alcohol?

Se debe evitar o limitar el consumo de alcohol durante el uso de metformina, ya que puede aumentar el riesgo de acidosis láctica, especialmente en personas con función hepática o renal comprometida.


book Referencias bibliográficas


Dudas de los lectores sobre este tema

Preguntas reales enviadas por lectores y seleccionadas por el editor por su relevancia para este artículo.

Envíe su duda sobre este artículo

Escriba una pregunta clara, objetiva y relacionada con el tema del texto. Las dudas que también puedan ayudar a otros lectores tienen prioridad. Las preguntas sobre casos personales, solicitudes de diagnóstico u orientación médica individualizada pueden no ser publicadas.