Diverticulosis y diverticulitis: síntomas y tratamiento


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Escrito por Dr. Pedro Pinheiro
Revisado y actualizado el 4 de abril de 2026

¿Qué es un divertículo intestinal?

Un divertículo intestinal es una pequeña bolsa que se forma en la pared del intestino grueso (colon), generalmente en las zonas donde los vasos sanguíneos penetran la capa muscular del intestino. Esta protrusión tiene una forma similar a un dedo de guante o a una burbuja, y ocurre con mayor frecuencia en la porción final del colon, especialmente en el colon sigmoide y el colon descendente.

Estas pequeñas bolsas son más comunes en personas mayores de 60 años, aunque también pueden aparecer en adultos más jóvenes. Muchas personas desarrollan uno o más divertículos a lo largo de la vida sin presentar ningún síntoma; este hallazgo suele ser incidental en pruebas como la colonoscopia o la tomografía computarizada. Es decir, el paciente se somete a estas pruebas por otro motivo y acaba descubriendo que tiene divertículos en el intestino.

El tamaño de los divertículos suele variar entre 0,5 y 1 centímetro de diámetro, aunque pueden ser mayores. Suelen aparecer en zonas más frágiles de la pared intestinal, precisamente donde pasan los vasos sanguíneos, un hecho que cobra relevancia al considerar posibles complicaciones como hemorragias digestivas.

En algunos casos, los divertículos pueden infectarse, dando lugar a un cuadro llamado diverticulitis, que suele cursar con fiebre, dolor abdominal y alteraciones del tránsito intestinal.

Diferencias entre diverticulitis y diverticulosis

Cuando una prueba de imagen o una endoscopia identifica al menos un divertículo en el colon, se dice que el paciente es portador de enfermedad diverticular, también conocida como diverticulosis. Este término, por tanto, se refiere simplemente a la presencia de divertículos en el intestino grueso, incluso en ausencia de síntomas.

La mayoría de los individuos con diverticulosis no presentan ningún tipo de molestia ni signo clínico. En la gran mayoría de los casos, se trata de una condición asintomática. Muchos pacientes ni siquiera saben que tienen divertículos.

Por otro lado, la diverticulitis ocurre cuando uno o más de estos divertículos se inflaman. El término significa, literalmente, “inflamación del divertículo”, y representa una complicación de la diverticulosis. La inflamación puede ser causada por la obstrucción del divertículo con restos fecales, lo que favorece la proliferación de bacterias y desencadena una respuesta inflamatoria localizada.

En resumen:

  • Diverticulosis: presencia de uno o más divertículos en el intestino grueso.
  • Diverticulitis: inflamación de uno o más divertículos, generalmente con síntomas.

Es importante destacar que no todos los pacientes con diverticulosis desarrollarán diverticulitis. Sin embargo, cuanto mayor sea el número de divertículos y más avanzada la edad, mayor será el riesgo de complicaciones con el tiempo.

¿Cómo surge la diverticulitis?

Actualmente, se acepta que la principal causa de la diverticulitis es la obstrucción del divertículo por pequeños fragmentos de heces endurecidas (llamados fecalitos), lo que favorece la proliferación de bacterias en el interior de la bolsa y conduce a una inflamación local. Esta inflamación puede variar desde un cuadro leve y autolimitado hasta formas graves, con formación de abscesos, perforación intestinal o incluso peritonitis (inflamación del peritoneo, la membrana que recubre los órganos abdominales).

Aunque todavía es común entre pacientes e incluso profesionales sanitarios, no existe evidencia científica que respalde la recomendación de evitar alimentos como semillas, cacahuetes, palomitas de maíz o granos enteros con el objetivo de prevenir la obstrucción de los divertículos. Guías actuales, como las de la American Gastroenterological Association y la British Society of Gastroenterology, consideran esta orientación un mito sin respaldo científico.

Por tanto, las personas con diverticulosis no necesitan excluir alimentos específicos de su dieta en función de su tamaño o textura. El enfoque principal debe estar en una alimentación equilibrada, rica en fibra natural y adecuada a la tolerancia individual.

También es importante distinguir que la diverticulosis es una condición crónica y estructural, mientras que la diverticulitis es un episodio agudo e inflamatorio que puede repetirse en un mismo paciente o, en muchos casos, ocurrir solo una vez a lo largo de la vida.

¿Qué causa la formación de divertículos?

La formación de divertículos en el intestino grueso está relacionada con factores estructurales y funcionales que afectan a la pared del colon con el paso del tiempo. La diverticulosis se considera una condición multifactorial y tiende a aparecer con el envejecimiento.

Los divertículos se desarrollan principalmente en zonas donde hay debilidad de la capa muscular del intestino, especialmente en los puntos de entrada de los vasos sanguíneos.

Combinado con esta fragilidad anatómica, el aumento de la presión interna del colon —como resultado de contracciones intestinales vigorosas en pacientes con estreñimiento— empuja la mucosa hacia el exterior de la pared intestinal, formando estas pequeñas bolsas.

Principales factores de riesgo para la diverticulosis:

  • Envejecimiento: la edad es el principal factor de riesgo. Se estima que alrededor del 30 % de las personas mayores de 60 años y más del 60 % de los mayores de 80 años tienen divertículos, aunque sean asintomáticos. El envejecimiento favorece el debilitamiento de la musculatura intestinal.
  • Alimentación pobre en fibra: las dietas bajas en fibra conducen a la formación de heces secas y de pequeño volumen, lo que obliga al intestino a hacer más esfuerzo para propulsar el contenido fecal. Este aumento de la presión intraluminal favorece la formación de divertículos. Aunque esta hipótesis ha sido cuestionada en estudios recientes, las guías actuales siguen recomendando un consumo adecuado de fibra, tanto para prevenir el estreñimiento como posible factor protector frente a la progresión de la enfermedad diverticular.
  • Estreñimiento crónico: la dificultad para evacuar, a menudo asociada a un esfuerzo excesivo, está directamente relacionada con el aumento de la presión dentro del colon, lo que contribuye a la aparición de divertículos (lectura sugerida: Estreñimiento).
  • Obesidad: diversos estudios asocian el exceso de peso, especialmente la grasa abdominal, con un mayor riesgo de desarrollo y complicaciones de la enfermedad diverticular.
  • Sedentarismo: la falta de actividad física regular también se asocia a una mayor incidencia de diverticulosis y diverticulitis. El ejercicio físico favorece el buen funcionamiento intestinal y puede ejercer un efecto protector.
  • Tabaquismo: el tabaco se ha asociado no solo a la presencia de divertículos, sino también a un mayor riesgo de complicaciones como perforaciones y abscesos.

Aunque menos relevantes, también se han estudiado como posibles factores contribuyentes los antecedentes genéticos, las alteraciones de la microbiota intestinal y el uso crónico de medicamentos como los antiinflamatorios no esteroideos (AINE).

¿Cuáles son los síntomas de la diverticulosis?

Como ya se ha explicado, la diverticulosis —es decir, la presencia de divertículos en el intestino grueso— suele ser una condición asintomática. En la mayoría de los casos, los divertículos se descubren de forma incidental durante pruebas como la colonoscopia o la tomografía abdominal realizadas por otros motivos.

Sin embargo, cuando aparecen complicaciones, especialmente la diverticulitis, los síntomas se vuelven evidentes y, en algunos casos, intensos. Además de la inflamación, otras posibles complicaciones incluyen hemorragia intestinal, fístulas y, más raramente, obstrucciones intestinales.

Síntomas de la diverticulitis aguda

La diverticulitis aguda ocurre cuando uno o más divertículos se inflaman, generalmente debido a una obstrucción con fecalitos y proliferación bacteriana local. A veces se la denomina “apendicitis del lado izquierdo”, ya que el cuadro clínico es similar al de la apendicitis aguda, pero suele afectar la parte inferior izquierda del abdomen (lectura sugerida: 40 causas de dolor abdominal).

Los síntomas más comunes de la diverticulitis incluyen:

  • Dolor abdominal intenso, especialmente en la parte inferior izquierda del abdomen (fosa ilíaca izquierda).
  • Fiebre, generalmente de leve a moderada.
  • Alteraciones del hábito intestinal, como diarrea o estreñimiento.
  • Náuseas y vómitos.
  • Malestar general y fatiga.

En casos poco frecuentes, cuando los divertículos inflamados se encuentran en el lado derecho del colon, el cuadro puede simular una apendicitis aguda, lo que dificulta el diagnóstico clínico inicial.

Complicaciones de la diverticulitis

La mayoría de los casos de diverticulitis son leves, pero aproximadamente el 15 % de los pacientes pueden desarrollar complicaciones, especialmente si no reciben un tratamiento adecuado en las fases iniciales.

Las posibles complicaciones incluyen:

Perforación intestinal

La inflamación intensa puede provocar la rotura de la pared del divertículo, lo que permite que el contenido intestinal se derrame en la cavidad abdominal. Esto provoca una peritonitis, una condición grave caracterizada por dolor abdominal difuso, fiebre alta y rigidez de la pared abdominal.

La peritonitis es la inflamación del peritoneo, la membrana que recubre la cavidad abdominal y los órganos internos.

Absceso diverticular

La acumulación de pus alrededor del divertículo inflamado forma un absceso, que puede causar fiebre persistente, dolor localizado y deterioro del estado general. Los abscesos de mayor tamaño pueden requerir drenaje quirúrgico o punción guiada por imagen.

Fístulas intestinales

La inflamación puede romper las barreras entre órganos vecinos, formando fístulas —comunicaciones anormales entre el colon y otras estructuras—. Las fístulas más frecuentes son:

1. Fístula colovesical (comunicación entre colon y vejiga): si la diverticulitis ocurre en una zona del intestino próxima a la vejiga, la inflamación puede hacer que ambas estructuras se adhieran, formando una abertura en común y permitiendo una comunicación entre ellas.

Esto provoca que la orina entre en contacto con el intestino y las heces con la vejiga, causando síntomas como:

2. Fístula colovaginal (comunicación entre colon y vagina): provoca la salida de heces o gases a través de la vagina, y es más frecuente en mujeres que se han sometido a cirugías ginecológicas previas o histerectomía.

Fístulas causadas por diverticulitis aguda
Fístulas causadas por diverticulitis aguda

Hemorragia intestinal

Dado que los divertículos se forman con frecuencia en zonas por donde pasan vasos sanguíneos, la erosión de estas estructuras puede provocar hemorragias digestivas. El sangrado suele ser abundante, de inicio súbito, y se manifiesta como presencia de sangre roja en las heces (hematoquecia) (lectura sugerida: 14 causas de sangre en las heces (hemorragia digestiva baja)).

Obstrucción intestinal

Durante un episodio agudo de diverticulitis, la hinchazón de la pared intestinal o la presencia de un absceso pueden causar una obstrucción parcial del colon. En los casos crónicos, los episodios repetidos de inflamación pueden provocar una estenosis (estrechamiento permanente), con riesgo de obstrucción intestinal completa, una condición que requiere intervención quirúrgica.

¿Cómo se diagnostican la diverticulosis y la diverticulitis?

Diagnóstico de la diverticulosis

La diverticulosis suele identificarse de manera incidental, ya que la mayoría de los pacientes no presentan síntomas. Su hallazgo suele ocurrir durante pruebas realizadas con otros fines, como:

  • Colonoscopia: muy utilizada para el cribado del cáncer de colon, es uno de los métodos más sensibles para detectar la presencia de divertículos.
  • Tomografía computarizada (TC) abdominal: especialmente si se realiza con contraste, también puede revelar divertículos, incluso cuando no están inflamados.

Importante: la presencia aislada de divertículos no requiere tratamiento específico, pero sí un seguimiento clínico y orientación sobre el estilo de vida.

Diagnóstico de la diverticulitis aguda

En los casos de sospecha de diverticulitis, especialmente ante dolor abdominal en la fosa ilíaca izquierda asociado a fiebre y alteraciones del tránsito intestinal, la prueba de elección es la tomografía computarizada (TC) abdominal con contraste.

La TC es el examen más eficaz para:

  • Confirmar el diagnóstico de diverticulitis.
  • Evaluar la extensión de la inflamación.
  • Detectar complicaciones, como abscesos, perforaciones o fístulas.

La tomografía es esencial para guiar el tratamiento, ya que ayuda a decidir entre un enfoque ambulatorio u hospitalario, y a determinar la necesidad de cirugía o drenaje.

Ecografía abdominal: puede utilizarse como prueba inicial, especialmente en servicios de urgencias o en pacientes con contraindicación para el uso de contraste. Aunque es menos sensible que la TC, puede sugerir el diagnóstico de diverticulitis e identificar abscesos de mayor tamaño.

¿Cuándo se realiza la colonoscopia?

La colonoscopia no está indicada durante la fase aguda de la diverticulitis, ya que el procedimiento puede agravar la inflamación e incluso provocar perforación intestinal. No obstante, suele realizarse unas 6 a 8 semanas después de la resolución del cuadro agudo, con los siguientes objetivos:

  • Confirmar el diagnóstico y evaluar la extensión de la diverticulosis.
  • Descartar otras enfermedades con síntomas similares, como cáncer de colon, colitis isquémica o enfermedad inflamatoria intestinal.

Excepción: en los casos en que el paciente presenta sangrado rectal activo pero sin signos de diverticulitis, la colonoscopia puede realizarse de forma precoz para localizar y tratar la fuente del sangrado.

Criterios para diferenciar diverticulitis leve y moderada/grave

Diverticulitis leve (no complicada)

Características clínicas:

  • Dolor localizado (generalmente en la fosa ilíaca izquierda), sin signos de irritación peritoneal.
  • Fiebre baja o ausente.
  • Sin náuseas ni vómitos persistentes.
  • Estado general conservado.
  • Signos vitales estables (presión arterial, frecuencia cardíaca y respiratoria normales).
  • Buena tolerancia alimentaria.
  • Ausencia de signos de sepsis.

Análisis de laboratorio:

  • Leucocitosis discreta o valores normales.
  • PCR (proteína C reactiva) y VHS (velocidad de sedimentación globular) levemente elevados o normales.

Hallazgos en imagen (TC):

  • Engrosamiento de la pared del colon.
  • Inflamación de la grasa pericólica (indica inflamación localizada).
  • Ausencia de abscesos, fugas de aire o líquido, o signos de obstrucción.

Diverticulitis moderada a grave (complicada)

Características clínicas:

  • Dolor abdominal intenso, difuso o con signos de irritación peritoneal.
  • Fiebre alta (>38,5 °C).
  • Náuseas y/o vómitos persistentes.
  • Taquicardia, hipotensión u otros signos de inestabilidad hemodinámica.
  • Postración o deterioro del estado general.
  • Incapacidad para alimentarse.
  • Paciente anciano, inmunodeprimido o con comorbilidades graves.

Análisis de laboratorio:

  • Leucocitosis significativa (>15.000/mm³).
  • PCR elevada (>150 mg/L o 15 mg/dL).
  • Anemia o signos de sepsis.

Hallazgos en imagen (TC con contraste):

  • Presencia de absceso pericólico o pélvico.
  • Perforación (fuga de aire o heces libres en la cavidad abdominal).
  • Fístulas.
  • Obstrucción intestinal parcial o total.
  • Colecciones líquidas (acumulación anormal de líquido fuera del intestino).

Tratamiento de la diverticulosis

El tratamiento depende directamente del estadio de la enfermedad diverticular y de la presencia (o no) de síntomas o complicaciones. El abordaje es distinto para pacientes con diverticulosis asintomática, con hemorragia o con diverticulitis aguda —leve o complicada.

Tratamiento de la diverticulosis asintomática

Los pacientes que presentan divertículos en el colon, pero no tienen síntomas no requieren medicación ni procedimientos específicos.

Las principales recomendaciones incluyen:

  • Aumentar el consumo de fibra (frutas, verduras, cereales integrales), salvo contraindicaciones clínicas.
  • Buena hidratación diaria para evitar el estreñimiento.
  • Actividad física regular.
  • Control del peso y abandono del tabaquismo.

Estas medidas buscan facilitar el tránsito intestinal, reducir la presión intraluminal del colon y, posiblemente, prevenir la progresión hacia una diverticulitis u otras complicaciones.

Nota: la eficacia de la fibra en la prevención de la diverticulitis aún es debatida en la literatura científica. No obstante, sigue recomendándose por su efecto beneficioso general sobre la función intestinal.

Entre los pacientes con enfermedad diverticular:

  • El 80 % permanece asintomático.
  • Cerca del 15 % puede presentar hemorragia digestiva.
  • Solo el 5 % desarrolla diverticulitis.

Entre los que desarrollan diverticulitis:

  • El 85 % presenta una forma leve, tratable de forma conservadora.
  • El 15 % evoluciona con complicaciones como abscesos, perforación o fístulas.

Tratamiento de la diverticulosis con hemorragia intestinal

En los casos en que la diverticulosis provoca una hemorragia digestiva (generalmente rectal, con sangre roja brillante), el abordaje inicial incluye:

  • Colonoscopia urgente, si el sangrado está activo y el paciente se encuentra estable.
  • Si se identifica el divertículo sangrante, puede realizarse hemostasia endoscópica mediante clips, coagulación o inyección.

Cuando no se puede localizar o controlar la hemorragia:

  • Puede recurrirse a angiografía con embolización selectiva.
  • En casos refractarios, puede ser necesaria una cirugía de resección del segmento colónico afectado.

Nota: en la mayoría de los casos, el sangrado diverticular se detiene espontáneamente, sin necesidad de cirugía.

Tratamiento de la diverticulitis aguda

El manejo de la diverticulitis depende de la gravedad del cuadro clínico, la presencia de signos de alarma y la respuesta al tratamiento inicial.

Diverticulitis leve (no complicada)

En casos leves, el tratamiento puede realizarse en domicilio con control médico ambulatorio.

Las medidas incluyen:

  • Reposo relativo.
  • Dieta líquida o semilíquida en los primeros días, con progresión según mejoría.
  • Analgésicos simples, como metamizol (dipirona) o paracetamol.

Según las guías actuales, como las de la American Gastroenterological Association (2021), los pacientes inmunocompetentes, sin signos sistémicos de infección, no necesitan antibióticos para tratar la diverticulitis.

Seguimiento en casos leves:

  • Reevaluación médica entre 48 y 72 horas tras el inicio de los síntomas.
  • Control clínico semanal hasta la resolución completa.
  • Colonoscopia diferida (6 a 8 semanas) para confirmar el diagnóstico y descartar otras patologías.

Diverticulitis moderada o complicada

En casos de dolor intenso, fiebre persistente, deterioro clínico o presencia de complicaciones (absceso, peritonitis, obstrucción), el tratamiento debe ser hospitalario.

Las medidas incluyen:

  • Ayuno e hidratación intravenosa.
  • Antibióticos intravenosos con cobertura para bacterias gramnegativas y anaerobias (ej. ciprofloxacino + metronidazol o ceftriaxona + metronidazol).
  • Control estricto del dolor.
  • Estudios de imagen de control si no hay mejoría clínica en 48–72 horas.

Si se forma un absceso, puede ser necesario un drenaje percutáneo guiado por TC, o en casos más graves, una cirugía de urgencia.

¿Cuándo está indicada la cirugía?

En casos graves de diverticulitis, como perforación del intestino, obstrucción severa, formación de fístulas o sangrado persistente, el tratamiento clínico puede no ser suficiente. En esas situaciones, se indica una cirugía para remover la parte del intestino comprometida.

El procedimiento más común se llama colectomía segmentaria, que consiste en retirar solo el tramo del intestino afectado (generalmente una parte del colon sigmoide o descendente), preservando el resto del órgano.

En casos más graves, si hay perforación del intestino y contaminación de la cavidad abdominal por heces, es necesario realizar un procedimiento llamado cirugía de Hartmann. En este tipo de cirugía:

  • Se remueve la parte inflamada del intestino.
  • El extremo sano del intestino se lleva hasta la piel del abdomen, formando una colostomía (una abertura por donde las heces pasan temporalmente a una bolsa colectora).
  • El otro extremo (más distal) del intestino se cierra y se deja dentro del abdomen para una reconexión posterior.

La colostomía suele ser temporal y permite que el intestino cicatrice después de la inflamación y la cirugía. Después de algunos meses (generalmente entre 3 y 6), es posible realizar una nueva cirugía para reconectar los dos extremos del intestino y restablecer el tránsito intestinal normal, eliminando la necesidad de la bolsa.

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿La diverticulitis puede convertirse en cáncer?

No. La diverticulitis no aumenta el riesgo de cáncer de intestino. Sin embargo, los síntomas de la diverticulitis —como dolor abdominal, alteración del hábito intestinal y sangrado— pueden ser similares a los de algunos tipos de cáncer de colon. Por eso, después de un episodio de diverticulitis, es común que los médicos soliciten una colonoscopia para descartar tumores u otras enfermedades.

¿La diverticulitis es una enfermedad grave?

Depende del caso. En la mayoría de las veces, la diverticulitis es leve y autolimitada, especialmente si se trata de forma precoz. No obstante, puede volverse grave si evoluciona con complicaciones como perforación, absceso, fístulas o peritonitis. Por eso, es importante buscar atención médica ante síntomas sugestivos, como dolor abdominal intenso, fiebre y cambios en el ritmo intestinal.

¿Cuál es el menú ideal para quien tiene diverticulitis?

Durante una crisis aguda de diverticulitis, se recomienda una dieta líquida o semilíquida en los primeros días, como:

— Caldos colados.
— Zumos diluidos.
— Agua de coco.
— Gelatina.
— Té sin cafeína.

A medida que mejoran los síntomas, se introducen alimentos ligeros como arroz, puré, carnes magras cocidas y verduras bien cocidas. Tras la recuperación, se indica una alimentación rica en fibra —bajo orientación médica o nutricional— para prevenir nuevos episodios.

¿Una persona con diverticulitis puede comer plátano?

Sí. El plátano suele ser bien tolerado por la mayoría de las personas con diverticulitis, especialmente fuera de las crisis. Es una fruta de fácil digestión, contiene fibra soluble y ayuda a regular el tránsito intestinal. Durante la fase aguda, puede incluirse cuando el paciente ya tolera alimentos sólidos suaves.

¿Una persona con diverticulitis puede comer queso?

Depende del tipo de queso y de la fase de la enfermedad. Durante las crisis agudas, es mejor evitar quesos grasos y fermentados, ya que pueden provocar molestias abdominales. Tras la recuperación, se pueden consumir con moderación quesos blancos y magros, como ricota o cottage. Los quesos curados, amarillos o muy grasos deben ingerirse con precaución, ya que pueden dificultar la digestión.

¿Una persona con diverticulitis puede tomar leche?

Durante la fase aguda, la leche y sus derivados pueden causar molestias en algunas personas, especialmente si hay intolerancia a la lactosa. Después de la recuperación, la leche puede reintroducirse gradualmente, dando preferencia a las versiones desnatadas o sin lactosa, según la tolerancia individual.

¿Qué antiinflamatorio se puede tomar para la diverticulitis?

Los antiinflamatorios no están recomendados como tratamiento estándar de la diverticulitis. De hecho, el uso de antiinflamatorios no esteroideos (AINE), como ibuprofeno o diclofenaco, puede aumentar el riesgo de complicaciones, como perforación intestinal y sangrado. El dolor abdominal en la diverticulitis debe controlarse con analgésicos simples (como metamizol o paracetamol). No se automedique: el uso de antiinflamatorios debe evitarse, salvo prescripción médica.

¿La diverticulitis puede volver?

Sí. Cerca del 20 % de los pacientes que han tenido un episodio de diverticulitis presentarán una nueva crisis en algún momento de su vida. El riesgo es mayor en los primeros años tras el primer episodio. Por ello, mantener una dieta equilibrada, hábitos saludables y seguimiento médico regular es fundamental para prevenir recurrencias.

¿Una persona con diverticulitis necesita cirugía?

No siempre. La mayoría de los casos de diverticulitis son leves y responden bien al tratamiento clínico, sin necesidad de cirugía. La cirugía solo está indicada en situaciones graves o complicadas, como perforación, absceso grande, obstrucción o fístulas, o cuando hay episodios recurrentes que afectan la calidad de vida del paciente.

¿La diverticulitis tiene cura?

Sí. La diverticulitis, en su forma aguda, puede resolverse completamente con el tratamiento adecuado. Sin embargo, la diverticulosis (presencia de divertículos) suele ser una condición crónica. Esto significa que, incluso tras curarse la inflamación, los divertículos permanecen, y el paciente debe adoptar medidas preventivas para evitar nuevas crisis.

¿Una persona con diverticulosis puede hacer ejercicio físico?

Sí, y de hecho se recomienda. La práctica regular de ejercicio físico se asocia con un menor riesgo de desarrollar diverticulitis y puede ayudar a mantener un tránsito intestinal más eficiente. Durante una crisis aguda, se indica reposo, pero tras la recuperación, la reanudación progresiva de la actividad física es beneficiosa y segura.

¿Cuánto dura una crisis de diverticulitis?

En los casos leves, la crisis suele mejorar entre 3 y 7 días, con reposo, dieta adecuada y seguimiento médico. En cuadros más graves o con complicaciones, la recuperación puede tardar semanas, especialmente si es necesario internamiento, drenaje o cirugía.




Dudas de los lectores sobre este tema

Preguntas reales enviadas por lectores y seleccionadas por el editor por su relevancia para este artículo.

Más comentarios de los lectores

  1. María K

    Muchas gracias por la información !!
    En qué país atiende el Dr. ?

    Dr. Pedro Pinheiro
    Dr. Pedro Pinheiro Autor

    Portugal.

  2. Vanesa

    Me encanto muy buena explicacion , muy claro

  3. RUBEN

    Hola pedro, utilísimas tus explicaciones, gracias por los informes.

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